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Strategia

Hezbolá-Israel, ¿una guerra sin fin al servicio de quién? (16)

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Las armas de Hezbolá fueron legitimadas por la fórmula tripartita «ejército-pueblo-resistencia», adoptada por el gobierno de Fuad Siniora en 2008. En esta foto, armas de Hezbolá incautadas por Israel durante la guerra de 2024. (Jack Guez/AFP)
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Por Khalil Helou
Publicado sep 14, 2026 - 14:45

Esta serie de artículos permite comprender mejor la situación actual en la escena libanesa a la luz del pasado, alejándose de discursos apasionados, ideológicos o románticos que no reflejan la realidad. Dejamos aquí al lector la tarea de sacar sus propias conclusiones. Las quince partes anteriores abordaron una relectura de los acontecimientos relacionados con el ascenso al poder de Hezbolá desde el acuerdo de Taif hasta el golpe de fuerza del 7 de mayo de 2008.

Las posturas de los países árabes del Golfo convergieron hacia una distensión con Irán tras el golpe de fuerza de Hezbolá del 7 de mayo de 2008 en Beirut, después de años de relaciones tensas con Teherán. Sin embargo, esta distensión solo duró tres años y terminó con el estallido de la guerra en Siria en 2011.

Antes de 2008, las relaciones entre Teherán y Riad se caracterizaban por una auténtica guerra fría librada a través de terceros. Este profundo deterioro se explica, en primer lugar, por cambios importantes, empezando por la acusación lanzada contra el régimen sirio, aliado de Irán, en relación con el asesinato de Rafic Hariri en febrero de 2005. Posteriormente, en agosto de 2005, se produjeron dos hechos determinantes: la subida al trono del rey Abdalá en Arabia Saudita y la elección del ultraconservador Mahmud Ahmadineyad como presidente de Irán. Este último adoptó una retórica agresiva, junto con la reactivación del programa iraní de enriquecimiento de uranio.

Para Riad, la perspectiva de una potencia nuclear persa a las puertas del Golfo representaba una amenaza existencial inmediata. Ante esta amenaza, el reino saudita se alineó con la postura occidental, respaldando entre bastidores el endurecimiento de las sanciones multilaterales contra la República Islámica. Sin embargo, pese a esta desconfianza profunda, ambas capitales optaron deliberadamente por mantener abiertos sus canales oficiales de comunicación, y Ahmadineyad visitó Riad en marzo de 2007, mostrando una voluntad compartida de evitar un enfrentamiento militar directo, lo que no impidió los conflictos por interpuesta persona. Además, el histórico incremento de los precios del petróleo, que llegó a 130 dólares el barril en mayo de 2008, llevó a Irán y Arabia Saudita a adoptar posturas diametralmente opuestas para afrontar la crisis. Teherán, asfixiado por las primeras sanciones económicas occidentales, exigía recortes drásticos en la producción para mantener precios elevados. Riad, en cambio, aumentó su producción para estabilizar el mercado mundial, una estrategia destinada tanto a proteger la economía global como a privar a Teherán de un ingreso financiero excesivo.

Conflictos regionales por interpósita persona

En los distintos escenarios de conflicto regional, la rivalidad entre Riad y Teherán se intensificaba debido al expansionismo iraní. En Irak, la guerra civil de carácter confesional preocupaba profundamente a Arabia Saudita, que observaba con creciente angustia cómo milicias chiitas, directamente respaldadas por Irán, tomaban el control de Bagdad, dando forma a la idea de una «media luna chiita» que se extendía desde Teherán hasta Beirut.

Gaza se convirtió en otro importante punto de fricción. El fracaso del acuerdo de reconciliación de La Meca en 2007, auspiciado por los saudíes entre Fatah y Hamás, seguido de la toma armada del poder en Gaza por parte de Hamás —respaldado financiera y militarmente por Irán—, reforzó la idea de un retroceso geopolítico del reino sunita.

En el Líbano, la lucha por la influencia alcanzó su punto álgido durante la guerra de julio de 2006 entre Israel y Hezbolá. Mientras Arabia Saudita denunciaba inicialmente el ataque transfronterizo lanzado por el movimiento chiita contra Israel, calificándolo de «aventura calculada», Teherán, por su parte, aprovechó el conflicto para erigirse en campeón de la causa árabe, algo que logró con éxito. Esa percepción se fue desgastando y terminó por desvanecerse tras el golpe de fuerza de Hezbolá en Beirut el 7 de mayo de 2008.

La legitimación de las armas de Hezbolá

Tras el acuerdo de Doha, y con la formación del segundo gobierno de Fuad Siniora el 11 de julio de 2008, la palabra «resistencia» se inscribe por primera vez en un texto público y, por consiguiente, en la práctica gubernamental, abriendo así paso a una «cohabitación» institucional, quedando el arsenal miliciano no estatal implícitamente blindado.

La fórmula tripartita adoptada en la declaración ministerial «ejército-pueblo-resistencia» era una manera de responder a las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, en particular las resoluciones 1559 y 1701, que exigían el desarme de las milicias. Las armas de Hezbolá quedaron así legitimadas y las exigencias de desarme del bando del 14 de Marzo fueron neutralizadas, ya que los líderes soberanistas habían aceptado el compromiso del acuerdo de Doha. Desde entonces, Hasán Nasralá, secretario general de Hezbolá, no ha dejado de afirmar que las armas de su organización formaban parte integral de una estrategia de defensa nacional, afirmación retomada más tarde por su aliado Gebrán Basil, jefe de la Corriente Patriótica Libre (CPL).

La formalización del triptico fue confirmada y renovada, un año después, por el gobierno de Saad Hariri, formado el 9 de noviembre de 2009, el cual, pese a su oposición política a Hezbolá, retomó la misma fórmula en su declaración ministerial, sellando así la legitimación política de facto del arsenal del movimiento chiita.

Tregua entre los países del Golfo e Irán

Catar, por su parte, se afirmó como mediador a través de su emir, el jeque Hamad bin Jalifa Al Thani, quien asistió personalmente a la elección del presidente Michel Sleiman, el 25 de mayo de 2008, marcando simbólicamente el fin de la crisis. Esta mediación y este patrocinio cataríes se prolongaron a lo largo de los años 2008-2009. Paralelamente, el rey Abdalá de Arabia Saudita, al ver debilitados a sus aliados libaneses del 14 de Marzo por el golpe de fuerza del 7 de mayo de 2008, avaló oficialmente el acuerdo de Doha para preservar la estabilidad.

Este acuerdo sirvió también de puente diplomático entre Catar, Arabia Saudita e Irán. Doha y Riad favorecieron contactos directos e indirectos con Teherán para congelar el conflicto en el Líbano entre las coaliciones del 8 y del 14 de Marzo. Bajo esta nueva lógica de realpolitik, Arabia Saudita, para preservar la tregua en el Líbano, inició al mismo tiempo un acercamiento estratégico con Damasco, principal correa de transmisión de los intereses iraníes y de Hezbolá en el Levante. Así nació el eje saudí-sirio, apodado «S-S», o sin-sin en árabe, que se concretó durante el verano de 2010.

Junto con el reino saudí, los demás países del Golfo quisieron pasar de ser simples financiadores, como lo habían sido tras la guerra de los 33 días en 2006, a convertirse en importantes padrinos políticos del ejecutivo libanés, en particular del tándem Michel Sleiman-Fuad Siniora. Su objetivo era triple: primero, no dejar el terreno libre a la exclusividad iraní en el Líbano; segundo, seguir una política conciliadora hacia Irán; y por último, ejercer de mediadores entre las coaliciones del 8 y del 14 de Marzo.

Estos cálculos basados en el compromiso resultaron erróneos, ya que los iraníes solo buscaban ganar tiempo. En realidad, Teherán nunca había dejado de armar y financiar abiertamente a Hezbolá para preparar la próxima guerra con Israel y para reforzar su influencia en el Líbano. Finalmente, los países del Golfo rescataron una vez más al sector bancario libanés, reinvirtieron en el centro de Beirut y financiaron la construcción de complejos residenciales y comerciales en la capital.

Durante el verano de 2008, sus ciudadanos regresaron por decenas de miles a pasar sus vacaciones en el Líbano, y el país registró un crecimiento de aproximadamente el 10% entre 2008 y 2010.

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