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Editorial

¡Feliz Año Nuevo 2026!

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Por Jawad Pakradouni
Publicado dic 29, 2025 - 15:35

Queridos conciudadanos:

El jueves 1 de enero de 2026, ¡el Líbano será transfigurado! Habrá electricidad las 24 horas del día, sin generadores ni suscripciones paralelas. Todos los delincuentes y corruptos serán juzgados, desde el gorrión más pequeño hasta el cuervo más viejo, sin importar lo alto que esté posado. El Estado funcionará en el verdadero sentido de la palabra, no como un simple extracto. Un Estado en el que los servicios básicos de la República serán eficientes y no inoperantes.

Al mismo tiempo, los operadores remotos de los drones estarán técnicamente desempleados, dado que Hezbolá será desmilitarizado al norte, al este y al oeste del río Litani.

La gran pregunta, con mayúscula, es: ¿cómo ocurre esto, incluso si el 1 de enero todavía tienes la cabeza metida en la carta o en el verbo? Muy simple: porque en el Líbano cada Año Nuevo es una promesa de milagro que, inevitablemente, se pospone para el año siguiente.

Ahora despierta. 

Tómate dos paracetamoles y respira. 

El jueves 1 de enero de 2026 es solo un segundo más que el miércoles 31 de diciembre de 2025. 

Un segundo. 

No una ruptura. 

No una revolución. 

No un “reset” ni un “ctrl + alt + delete”.

Cuando se pase la resaca, podrás volver a fruncir el ceño, porque la realidad es angustiante: el mismo sistema, los mismos líderes, las mismas mentiras, aunque hayas gritado hasta quedarte sin voz cantando el éxito eterno de ABBA a la hora psicológica, que en el Líbano es más bien la hora psiquiátrica, ya que todos creen que el año nuevo será mejor.

Nada se arregló a medianoche. 

Nada se borró con la cuenta regresiva. 

El Líbano no obedece a ningún calendario. Está congelado, atrapado en un eterno Día de la Marmota desde hace casi cuarenta años.

Canal Plus ha lanzado su nuevo eslogan: “No confíes tu imaginación a cualquiera”. Yo sugiero no confiarle los sueños a nadie, de lo contrario, en el mejor de los casos se corre el riesgo de la camisa de fuerza y, en el peor, de que te tomen por tonto, aunque sea preferible lo primero a lo segundo, sabiendo que muchos de nosotros, sobre todo quienes siguen ciegamente los preceptos de ciertos movimientos o partidos, no corren precisamente el riesgo de la camisa de fuerza.

Así que sí, feliz año nuevo. 

Feliz continuidad en el desastre y, sobre todo, hasta el próximo 31 de diciembre, para volver a celebrar el paso del tiempo en un país cuyos habitantes se niegan obstinadamente a avanzar, congelados en el pasado y depositando su fe en Dios o en Alá, y pronto también en Yahvé.


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