

La Estrategia de Seguridad Nacional (National Security Strategy, NSS) de Estados Unidos de 2025 está centrada en el principio de “America First” y exige una mayor autonomía estratégica de sus aliados europeos, a quienes el presidente Donald Trump presiona para que asuman su propia defensa en su continente. Washington tendría así las manos libres para concentrarse primero en su situación interna y en el continente americano, infiltrado por China y Rusia, y después en la cuenca del Pacífico.
Para ello, necesita reducir su implicación en Medio Oriente y garantizar una estabilidad duradera en la región. Con ese objetivo, se impone la neutralización definitiva de la amenaza que representan Irán y Hezbolá. Un Irán debilitado abriría la puerta a una expansión sin precedentes de los Acuerdos de Abraham, incorporando a Arabia Saudita y a otros países árabes.
Los Acuerdos de Abraham
Impulsados durante el primer mandato del presidente Trump, los Acuerdos de Abraham marcaron una ruptura con la diplomacia tradicional de “Land for Peace” (“tierra por paz”, es decir, un Estado palestino en Cisjordania y Gaza a cambio de la paz), para sustituirla por una lógica de “Peace through Prosperity”, o “la paz a través de la prosperidad”, lo que significa: prosperidad en lugar de un Estado para los palestinos.
En su etapa actual, los Acuerdos de Abraham incluyen a: Israel, Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Sudán, Marruecos y Kazajistán. Buscan consolidar un bloque de seguridad árabe-islámico-israelí, una especie de “OTAN regional”, capaz de autorregular Medio Oriente y contener de manera autónoma a Irán. Eso permitiría a Estados Unidos reducir su presencia militar terrestre, al mismo tiempo que ahorrar miles de millones de dólares, conservar el papel de árbitro regional, replegarse hacia su prioridad “America First” y girar hacia Asia para contener a China sin dejar un vacío de seguridad que Teherán o Moscú pudieran llenar.
Dentro de esta misma estrategia, Turquía es un socio indispensable para Washington, como contrapeso vital frente a Irán y Rusia, pese a la dimensión ideológica de Ankara y a las tensiones persistentes de la cuestión kurda.
El bloqueo contra Irán: una estrategia de estrangulamiento con fisuras
Irán se encuentra en una situación crítica de supervivencia económica frente al bloqueo naval estadounidense instaurado el 13 de abril de 2026. Este no se limita al Estrecho de Ormuz, sino que se extiende al golfo de Omán e impide que petroleros y otros buques atraquen en los puertos de Jask y Chabahar, ubicados fuera del Golfo Pérsico. En principio, esto paraliza casi la totalidad de las importaciones y exportaciones marítimas iraníes, especialmente el petróleo.
Frente a este bloqueo naval, Teherán puede resistir técnicamente algunos meses gracias a los ingresos derivados del alza del precio del barril entre febrero y mediados de abril de 2026, que compensaron parcialmente la caída de los volúmenes exportados. Las pérdidas diarias iraníes ascienden a unos 435 millones de dólares.
Teherán había anticipado este escenario desarrollando infraestructuras para sortear el estrecho de Ormuz, pero su capacidad sigue siendo claramente insuficiente. Está, por ejemplo, la vía del Mar Caspio, que ofrece salida hacia Rusia y Kazajistán, aunque los suministros por esa ruta siguen siendo marginales frente a las necesidades nacionales. También están los ferrocarriles y carreteras que conectan Irán con Turquía, Irak y Turkmenistán para importar bienes de consumo y exportar productos no petroleros.
Estas rutas alternativas no pueden compensar en absoluto al Golfo Pérsico, por donde transitaba el 90 % del petróleo iraní antes de la crisis.
La “flota fantasma”
Otra estrategia seguida por Teherán para romper el bloqueo y eludir las sanciones internacionales es la “flota fantasma” (dark fleet), pilar de la supervivencia económica del régimen y del financiamiento de sus aliados regionales, especialmente Hezbolá. Se trata de una vasta red clandestina de 320 petroleros de la que Irán depende para exportar su crudo.
Para escapar de la vigilancia internacional y estadounidense, estos buques utilizan tácticas sofisticadas de camuflaje: apagan sus sistemas de señalización para volverse “invisibles” o falsifican sus coordenadas GPS. El petróleo luego es transferido en alta mar a otros buques para ocultar el origen iraní de la carga.
Este sistema se refuerza con el uso recurrente de banderas de conveniencia, como Panamá, Liberia e Islas Cook, así como mediante empresas pantalla con sede en Dubái o Hong Kong, lo que permite cambios frecuentes de identidad y propiedad.
Pese al severo bloqueo naval estadounidense, esta flota sigue mostrando eficacia. Según Lloyd’s, entre 29 y 35 petroleros de la dark fleet ya habrían logrado burlar el dispositivo naval estadounidense para entregar crudo en China.
Esta logística en la sombra permite a Teherán mantener ingresos de emergencia vitales, desafiando la asfixia económica total buscada por la administración estadounidense. Sin embargo, la US Navy ya confiscó seis barcos de esta flota fantasma y rechazó a otros 29 petroleros regulares que intentaron evadir el bloqueo.
Sea como sea, sin un levantamiento del bloqueo o una intervención diplomática masiva, la asfixia económica de Irán podría volverse irreversible hacia el verano de 2026. Irán está estrangulado, pero no muestra señales aparentes de ceder. Mientras tanto, las miradas de Washington y Teherán se dirigen discretamente hacia China.
El papel de China: una salida aparece en el horizonte
Hoy, China se ha convertido en el principal cliente y único escudo económico de Irán. Al mismo tiempo, Pekín necesita el mercado estadounidense, el más grande del mundo, para equilibrar su economía. Washington también necesita a China para abastecer al mercado estadounidense con bienes a precios accesibles.
Eso otorga a China la capacidad de actuar como mediador pragmático en la crisis actual.
Los vínculos chino-iraníes son un verdadero salvavidas para la República Islámica, mientras que los lazos chino-estadounidenses tienden a la distensión. En 2025, China absorbió cerca del 90 % de las exportaciones petroleras iraníes mediante la flota fantasma, aunque solo representa una fracción de las importaciones chinas totales.
Además, temiendo perturbaciones en su abastecimiento energético global y en sus exportaciones, China dejó entrever que concretará los 400 mil millones de dólares de inversiones en Irán previstos inicialmente en 2021, a cambio de flexibilidad por parte de los iraníes. El presidente Trump incluso atribuyó a Pekín haber facilitado el alto el fuego de abril de 2026.
Por otra parte, China evita cualquier apoyo militar directo a Teherán y ha rebajado las tensiones en torno a Taiwán.
La administración estadounidense mantiene el rumbo de la NSS
Por su parte, Washington utiliza la interdependencia comercial con China como arma de presión silenciosa, manteniendo sanciones que impiden a China acceder a tecnologías y equipos estadounidenses, y limitando exportaciones chinas vitales hacia Estados Unidos. Ya en 2025, esas exportaciones disminuyeron en 37 mil millones de dólares respecto de 2024.
En octubre pasado, en Seúl, Trump y Xi Jinping se reunieron y redujeron sanciones de ambas partes. Debían volver a verse en abril de 2026 para continuar la distensión en su guerra comercial, pero esa cumbre fue pospuesta debido a la guerra de Irán.
El levantamiento de las sanciones estadounidenses impuestas a China es una necesidad estratégica para Xi Jinping, que se ve obligado a asumir el papel de moderador y presionar a Irán. Desde una perspectiva geopolítica, al estabilizar Medio Oriente mediante presión conjunta chino-estadounidense, Estados Unidos asegura una relación de equilibrio con su rival asiático, tal como establece la NSS de 2025.