


Entre Donald Trump y Xi Jinping, las declaraciones reflejaron un clima positivo, pero el trasfondo de esta cumbre entre gigantes debería aclararse con el tiempo. Irán, por su parte, mantiene sus provocaciones. Entre Líbano e Israel, una prolongación de la tregua y una futura cooperación militar.
Esta semana estuvo marcada por conversaciones cruciales cuyas repercusiones se harán sentir en la próxima etapa.
Desde comienzos de la semana, todas las miradas estuvieron puestas en los preparativos de la cumbre chino-estadounidense en Pekín y en la tercera ronda de negociaciones entre las delegaciones libanesa e israelí en Washington.
En el plano formal, la recepción ofrecida al presidente estadounidense Donald Trump en Pekín fue espectacular y estuvo a la altura del acontecimiento. Con estilos distintos, los mandatarios estadounidense y chino enviaron mensajes clave sobre su futura colaboración económica y sobre las negociaciones relacionadas con asuntos internacionales de interés común.
Entre ellos destacaron especialmente Taiwán, que China busca anexar mientras Estados Unidos respalda su independencia, y el caso de Irán, aliado tradicional de Pekín. ¿Cómo quedarán vinculados ahora estos dos expedientes? El tiempo lo dirá.
Sin embargo, algunos indicios ya permiten entrever ciertas tendencias. En una entrevista, el presidente Trump pidió a las autoridades taiwanesas no proclamar la independencia del país amparándose en el respaldo de Washington, algo que Taiwán ignoró al emitir una declaración reivindicando su independencia apenas terminó la cumbre.
En cuanto a Irán, el tema fue ampliamente abordado durante el encuentro, tal como estaba previsto.
Los presidentes estadounidense y chino mostraron una posición común: la necesidad de reabrir el estrecho de Ormuz.
Trump declaró claramente que su homólogo chino, quien había recibido días antes al ministro iraní de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, está dispuesto a contribuir a las negociaciones.
Otro indicador importante surgido de esta cumbre es que China comenzaría a abastecerse de petróleo estadounidense, reduciendo así su dependencia del petróleo de Medio Oriente y del estrecho de Ormuz… y, de paso, de su aliado iraní.
Aunque todavía no existe suficiente perspectiva para evaluar adecuadamente los resultados de esta cumbre, las declaraciones del presidente Trump merecen ser examinadas con atención.
Ciertamente, al término del encuentro indicó a los periodistas que podría aceptar el “congelamiento” del enriquecimiento de uranio en Irán durante 20 años, siempre que existan “las garantías necesarias”.
De hecho, el proceso de negociaciones indirectas no ha muerto en este aspecto, como lo demuestra la visita del ministro del Interior pakistaní a Teherán este fin de semana.
Pero el tono pareció cambiar bruscamente durante el fin de semana: el jefe de la Casa Blanca afirmó, en medio de una declaración, que “su paciencia con Irán está llegando al límite”.
En su red social, publicó el domingo una imagen generada con inteligencia artificial en la que aparece con el ejército estadounidense de fondo sobre el estrecho de Ormuz, acompañada de la enigmática frase: “La calma antes de la tormenta”.
Esto coincide con insistentes informaciones difundidas por medios israelíes, que hablan de una creciente convicción estadounidense sobre la necesidad de volver a la guerra; una probabilidad “del 50 %”, según un funcionario israelí.
Gestiones europeas
En lo que respecta al estrecho de Ormuz, los iraníes siguen reivindicando su derecho a controlar esta vía marítima.
Irán asegura además haber recibido llamadas de dirigentes europeos para discutir las condiciones de un tránsito seguro por el estrecho. ¿A cambio de qué?
Otro acontecimiento de primer orden esta semana fue la reunión de ministros de Relaciones Exteriores de los países BRICS, celebrada también el jueves en India.
La conferencia ministerial abordó, entre otros temas, Medio Oriente y fue escenario de un altercado entre los ministros iraní y emiratí. El primero aprovechó la ocasión para acusar a Emiratos Árabes Unidos de ser “socios” en el ataque israelo-estadounidense contra su país… pese a que, conviene señalarlo, fueron misiles iraníes los que impactaron territorio emiratí desde el inicio del conflicto.
No se publicó ningún comunicado oficial conjunto sobre la guerra en Irán, precisamente debido a las divergencias entre ambos países.
Otro hecho relevante: otro aliado de Irán, el presidente Vladimir Putin, conversó el sábado con su homólogo emiratí Mohammad bin Zayed sobre el conflicto iraní, según Reuters.
El comunicado oficial precisó que “ambas partes subrayan la importancia del proceso político y diplomático”. ¿Un intento de sacar a Irán de su aislamiento?
Finalmente, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu puso esta semana en aprietos a Emiratos Árabes Unidos al asegurar que realizó una “visita secreta” al país al inicio de la guerra.
Abu Dabi se apresuró a desmentirlo. El país atrae cada vez más atención mediática, especialmente desde su espectacular salida de la OPEP a comienzos de mayo.
En Líbano, prolongación del alto el fuego
La semana libanesa estuvo marcada por las negociaciones en Washington, jueves y viernes, entre una delegación libanesa presidida por primera vez por el muy experimentado exembajador Simon Karam y una delegación israelí nuevamente encabezada por el embajador israelí en Estados Unidos, Yechiel Leiter.
Las negociaciones abordaron tanto la situación política como la militar.
Esta tercera ronda, desde comienzos de abril, empezó bajo fuertes presiones: los combates continúan en el sur de Líbano con un avance israelí más allá del Litani esta semana; declaraciones cada vez más virulentas de Hezbolá, multiplicando las acusaciones de “traición” contra el presidente Joseph Aoun y el primer ministro Nawaf Salam; además de rumores sobre “preocupaciones” estadounidenses respecto al proceso.
Sin embargo, los resultados de estas conversaciones no reflejaron ese difícil comienzo.
Por un lado, el proceso no colapsó, como temían algunos, ya que los estadounidenses fijaron una nueva ronda para comienzos de junio.
Por otro lado, aunque todavía no se conocen todos los detalles de estas reuniones a puerta cerrada, sí surgieron resultados concretos: una prolongación de 45 días del alto el fuego entre Israel y Hezbolá y el inicio de un “proceso de seguridad” que comenzará con una reunión entre militares de ambos países el 29 de mayo en el Pentágono.
Desafortunadamente, la proclamación de este alto el fuego no estuvo acompañada de acciones sobre el terreno, mientras las autoridades libanesas intentan implementar una tregua que sea respetada “por todas las partes”, según informaciones filtradas el sábado.
De acuerdo con esas mismas informaciones, retomadas por la prensa local, el presidente Joseph Aoun habría pedido al presidente del Parlamento, Nabih Berri, convencer a Hezbolá de cesar sus ataques para que el cese de hostilidades sea respetado por ambas partes.
El partido proiraní habría respondido que lo haría si Israel también se compromete.
Sin embargo, sobre el terreno, la tensión parece haber aumentado: los israelíes publicaron órdenes de evacuación al norte del Litani y las sirenas siguen sonando regularmente en el norte de Israel debido a drones de Hezbolá.
Precisamente esos drones, que realmente incomodan al ejército israelí según admite el propio Estado hebreo, también tendrán repercusiones negativas para Líbano.
Según un informe retomado por medios locales, los israelíes contemplan una ocupación más profunda que los 10 kilómetros alcanzados hasta ahora, dado que la amenaza ya no proviene únicamente de misiles cuyo alcance puede calcularse, sino de drones rudimentarios y explosivos, difíciles de detectar para los sistemas de defensa.
Salam en Siria
Otra figura que dio de qué hablar esta semana fue el primer ministro Nawaf Salam, quien destacó por una declaración muy firme reafirmando la posición del Estado libanés respecto al proceso de negociaciones en Washington y rechazando todas las acusaciones de “traición” dirigidas contra él, al igual que contra el presidente.
Además, Salam fue recibido el 14 de mayo por el presidente sirio Ahmad al Chareh en Damasco.
En declaraciones posteriores a la visita, reiteró que “Líbano ya no aceptará seguir siendo una plataforma para operaciones contra países amigos”, apuntando claramente contra Hezbolá, mientras Damasco desmantela regularmente redes subversivas vinculadas al grupo, al que acusa de intentar desestabilizar al régimen sirio.
Paralelamente, las conversaciones bilaterales abordaron la coordinación de esfuerzos en torno a las negociaciones con Israel.
El verdadero alcance de estas discusiones debería aclararse también en el próximo periodo, considerando que Siria continúa siendo víctima de incursiones israelíes regulares en el sur del país.
También cabe destacar esta semana, en relación con la situación en Líbano, un extraño episodio divulgado el 15 de mayo sobre una “denuncia” libanesa presentada ante la ONU y fechada el 21 de abril, en la que se acusa a Irán de injerencia en los asuntos libaneses y de haber arrastrado al país a la guerra con Israel.
La información no fue desmentida por el Ministerio libanés de Relaciones Exteriores durante varias horas, antes de que la institución publicara una aclaración que parece responder a un intento de matizar la información inicial.
En un comunicado, el ministerio aseguró que no se trata de una “denuncia”, sino de una “carta” enviada a la ONU en la que responde a acusaciones iraníes indirectas contra el Estado libanés por el caso del ataque contra cuatro “diplomáticos” iraníes en un hotel de Beirut al comienzo de la guerra. La denuncia iraní contra Israel insinúa que las autoridades libanesas estaban al tanto de su reubicación.
Un nuevo episodio que reaviva aún más las tensiones, ya consolidadas, entre Irán y las autoridades libanesas.