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Análisis

Farouk el-Chareh y “La narración perdida”

¿Memorias o discurso del poder?

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Por Nabil Mamlouk
Publicado may 20, 2026 - 18:59

Mi relación con la literatura memorialística suele haber sido poco satisfactoria, y eso aplica especialmente al primer volumen de las memorias del exministro de Relaciones Exteriores sirio Farouk el-Chareh, titulado La narración perdida (Centro Árabe de Investigación y Estudios Políticos, 2015). Desde su apertura poética, subjetiva e impresionista, el libro parece prometer al lector un texto de reflexión personal, antes de arrastrarlo a la lectura de una historia política escrita con un sesgo absoluto a favor del régimen de los Assad y de la figura del presidente sirio Hafez el-Assad.

Assad entre la mitología política y la fabricación de la imagen

En las páginas de Chareh, Hafez el-Assad aparece como un héroe todopoderoso, un “Frankenstein de Damasco”: un hombre capaz de colgarle el teléfono al presidente estadounidense Ronald Reagan, de imponerle al secretario de Estado James Baker el traslado de la conferencia de paz de Ámsterdam a Madrid, mientras el propio Chareh se presenta como el hombre cercano y favorito del mandatario, en detrimento del exvicepresidente sirio Abdel Halim Khaddam. Esta construcción narrativa no ofrece ninguna lectura crítica del poder; se limita a reproducir el relato oficial.

Los grandes ausentes: acontecimientos clave fuera del texto

Grandes secuencias históricas, decisivas para la historia siria y libanesa, están completamente ausentes de las memorias, entre ellas:

·   la desaparición del imán Moussa Sadr y de sus dos acompañantes;

· los acontecimientos de Hama en 1982;

·   el asesinato del líder libanés Kamal Joumblatt;

·   la política de “ruralización de la ciudad” mediante el inflamiento burocrático del sector público, fenómeno analizado en detalle por el académico Ziad Majed en su obra Siria, la revolución huérfana.

Estas omisiones difícilmente parecen olvidos; más bien reflejan una decisión deliberada de silenciar los episodios más problemáticos.

El ministro obediente antes que el hombre de experiencia

En estas páginas, Chareh no se concede otro papel que el de “ministro obediente” del presidente: un ministro que ejecuta las transacciones políticas de Assad, se muestra conciliador con Yasser Arafat y actúa como negociador frente a Saddam Hussein, sin construir jamás una narrativa personal autónoma ni someter su propia trayectoria política a algún tipo de examen interior.

Folletos políticos más que memorias

Lo escrito por Chareh se parece más a un expediente político detallado que a unas memorias en el sentido literario o humano del término. Aquí resulta inevitable pensar en lo que hizo el expresidente libanés Amine Gemayel cuando expuso sus posiciones en una obra documental, sin devolverle al lector la escenografía de la experiencia vivida.

Una confrontación con las tradiciones de la memoria política

A diferencia de las memorias de grandes figuras políticas mundiales como Henry Kissinger, que combinan el documento con la construcción de la experiencia interior, Chareh practica deliberadamente el salto sobre los acontecimientos y el rodeo narrativo, produciendo finalmente una historia política subjetiva más que una biografía viva de su autor.

Para concluir: ¿por qué la “narración” sigue perdida?

En resumen, La narración perdida se parece menos a unas memorias que a una defensa política tardía de una época y de un régimen. El primer volumen merece plenamente su título: una narración verdaderamente perdida, y que probablemente seguirá siéndolo, lo que difícilmente invita a continuar la lectura del segundo tomo mientras prevalezca el mismo enfoque, ese que consiste en esquivar las preguntas difíciles en lugar de enfrentarlas.

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