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Cultura

Estallido y Fauvismo: Yungblud desatado en el escenario

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Published feb 27, 2026 - 20:55

Ojos negros, puros, tormentosos, contrastados. Hermosos para ahogarse en ellos. Dominic Harrison, alias Yungblud, sube al escenario y grita su fauvismo a todo pulmón. Una vida de rabia, de amplitud y de autoconfianza adquirida y ahora alquimista. Cada uno de sus gestos es un relámpago; cada uno de sus movimientos, un incendio. No interpreta sus canciones. Las deja explotar en fuego.

La pista se enciende en cuanto aparece. Los bajos retumban como un trueno. Mi hija y su amiga están un poco más lejos, yo estoy atrás. Cada vibración del aire nos atraviesa. Luego surge él.

Cuerpo esculpido bajo los focos, presencia animal, ojos azules maquillados como una tormenta. Yungblud irrumpe en el escenario, es un fuego salvaje. Un cigarrillo en la esquina de los dedos, que encenderá más tarde, y el calor ya es insoportable.

Su presencia es leonina. Cada gesto, cada movimiento arrasa con todo a su paso. No solo canta: consume el aire, la multitud, la noche. Entre dos jodidas 'signature' que halagan nuestros tímpanos al estilo rock'n'roll, su impertinencia estalla. La frontera escenario-pista desaparece. Estamos en el corazón de su tormenta.

Una intensidad inmediata

En nuestra arena precalentada al rojo vivo por el grupo californiano Palaye Royale, los temas de Dominic se disparan. Hello Heaven, The Funeral, Lovesick Lullaby, Lowlife, Changes… No había vivido una escena así desde las que nos ofrecían nuestras pequeñas pantallas beirutíes, cuando funcionaban al ritmo de la corriente eléctrica, en los años 90.

La propuesta musical de Yungblud es cruda, verdadera. Rock alternativo, destellos punk, estribillos coreados como juramentos. Las guitarras muerden. La percusión martillea. La escritura proclamada es una sensible mezcla de rabia, de vulnerabilidad asumida a falta de ser elegida.

Una estética marcada

El público está transportado. A nuestro alrededor, una hermosa juventud. Desde adolescentes hasta cuarentañeros, todos han cuidado su atuendo. Prendas negras, llamas escénicas que iluminan maquillajes rozando lo gótico, un poco o mucho de Tim Burton versión rock alternativo, ADN de nuestra estrella obliga. No se trata de un cantante pudoroso sino de un león; podemos escribirlo. Su filiación rock es reivindicada: ecos de Nirvana, de Bowie y sobre todo de Ozzy Osbourne, una influencia central para su identidad artística. Changes posee una dimensión central para Yungblud. Además, el 1 de febrero de este año, Dominic ganó el Grammy Award a la Mejor Interpretación de Rock por su versión en vivo de este último tema, interpretación de Black Sabbath dedicada al mismo Osbourne.

Fuera del escenario, Harrison canaliza su energía en el boxeo. Comparte en Instagram momentos de ensayo en directo, sus perros, instantes de cercanía con su público. Los fans piden más porque su ídolo es auténtico.

Una voz para la nueva generación

Yungblud no es solo un artista. A sus 28 años, es un espejo para la juventud. Vulnerable pero poderoso, sin filtros pero siempre bueno y generoso. Aborda la salud mental, la libertad y la autoaceptación como un motor que permite existir sin compromisos. Cada uno de sus conciertos es una experiencia compartida.

El pasado octubre en París, en el momento en que tuvo lugar este concierto, la energía era cruda y la libertad palpable. El compromiso LGBTQ+ se leía naturalmente, sin énfasis. Desde entonces, Dominic ha proclamado públicamente ante su público su apoyo al pueblo masacrado de Irán. Uno de los pocos artistas en llevar la voz de esta juventud libre e iluminada, hoy sacrificada.

A mi lado, mi hija y su amiga están electrificadas, literalmente. Cantan cada palabra. Vibrar juntos, en cuerpo y alma, atravesadas por la misma ola.

Este concierto intergeneracional creó un calor que despierta. La marcada personalidad de Dominic, su fauvismo musical me conmovieron. Es un artista que rompe códigos, certezas y que encarna las suyas de forma incantatoria. Quema y desdibuja las fronteras insípidas de la frialdad sonora ambiental, a menudo calibrada. Yungblud no es solo un cantante. Es un catalizador de emociones, un fuego que consume e ilumina a la vez.

Gracias a mi hija, cuya ayuda y precioso amor hicieron posible la redacción de este apasionado artículo.

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