
“Es hora de poner fin a la máquina de matar iraní”, afirma Trump; Salam, el martes en el Elíseo


Negociaciones directas entre Líbano e Israel, inéditas desde 1983; un alto el fuego precario en el sur del Líbano; un estrecho de Ormuz todavía en el centro de tensiones entre Irán y Estados Unidos: resumen de una semana convulsa en Medio Oriente que concluye con dos desarrollos cruciales.
La semana transcurrida terminó este domingo 19 de abril con un doble anuncio de mayor importancia. En un tono firme que contrasta con sus declaraciones habituales, el presidente Donald Trump indicó el domingo por la tarde (hora del Levante) que sus representantes viajarán a Islamabad la noche del lunes con vistas a una última ronda de conversaciones, el martes, durante la cual el régimen iraní deberá aprobar un acuerdo “muy justo y razonable” propuesto por Washington. De no hacerlo, afirmó el jefe de la Casa Blanca, el ejército estadounidense “destruirá cada central eléctrica y cada puente”.
“Se acabó la amabilidad”, lanzó el presidente Trump. “Si no aceptan el acuerdo, será un honor para mí hacer lo que otros presidentes debieron haber hecho en los últimos 47 años. Es hora de poner fin a la máquina de matar iraní”.
El segundo anuncio importante que cierra la semana: el Elíseo informó por la tarde que el presidente Emmanuel Macron recibirá el martes al primer ministro Nawaf Salam.
Antes de estos dos grandes acontecimientos, Líbano vivió una semana tan agitada como las anteriores, pero marcada por un hecho histórico en toda la extensión del término: el inicio de negociaciones directas con Israel, una primera vez desde 1983. Ciertamente, la reunión en Washington, el 14 de abril, entre las embajadoras de Líbano, Nada Hamadé Mouawad, e Israel, Yechiel Leiter, bajo el auspicio y en presencia del secretario de Estado Marco Rubio, así como del embajador estadounidense en Líbano Michel Issa, estaba prevista. Sin embargo, la fotografía resultante, que dio la vuelta al mundo, tuvo un efecto colosal tanto en la escena libanesa como en las capitales interesadas.
Lo que trascendió de esa reunión sienta las bases de negociaciones a más largo plazo. Mientras Marco Rubio subrayó la importancia del momento, reconociendo que el proceso “tomará tiempo”, fue el embajador israelí en Washington quien habló más, asegurando que ambos países “descubrieron que estaban del mismo lado”, hablando de delimitación de fronteras y de un futuro de paz. La embajadora libanesa se limitó a calificar la reunión como “constructiva”, precisando que pidió el cese de hostilidades en Líbano. En el comunicado conjunto, Estados Unidos expresó su esperanza de que las conversaciones continúen y desemboquen en un acuerdo de paz.
En Líbano, las conversaciones provocaron reacciones diametralmente opuestas, en línea con las profundas divisiones políticas. Sin sorpresa, Hezbolá las calificó de “capitulación”, y sus círculos dijeron preferir que Líbano “aproveche el apoyo de Irán” en el marco de sus propias negociaciones con Estados Unidos. El campo soberanista saludó estas conversaciones con Israel, no solo con miras a una paz duradera, sino también para que el Estado libanés se separe de una vez por todas del eje iraní, consagrando el derecho de Líbano a negociar su propio futuro.
En medio de este ruido, una voz permaneció en silencio: la del presidente del Parlamento Nabih Berri, quien además dirige el movimiento Amal, la otra pieza del dúo chiita junto a Hezbolá. En un gesto que muchos siguen intentando descifrar, envió a su segundo al mando, el exministro Ali Hassan Khalil, a Arabia Saudita, en paralelo con la reunión de Washington.
Si esta primera reunión terminó con la promesa de futuros contactos, no se anunció oficialmente ninguna nueva cita. Pero esta etapa debía provocar un efecto dominó, ya que el alto el fuego solicitado por Líbano para continuar el diálogo se concretó dos días después.
El jueves, el presidente de la República, Joseph Aoun, vivió una jornada marcada por conversaciones telefónicas cruciales. Mientras el secretario de Estado Marco Rubio propuso ponerlo en contacto directo con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, Aoun se negó, manteniéndose firme en su exigencia de un alto el fuego. Una postura que no cambió ni siquiera cuando el propio ocupante de la Casa Blanca estuvo al otro lado de la línea. Con su ímpetu habitual, Donald Trump anunció que reunirá a Aoun y Netanyahu en Washington “pronto”.
Firmeza de tono en Baabda
Un alto el fuego de diez días fue el resultado de los contactos de la semana. Entró en vigor a medianoche entre jueves y viernes. Según informaciones filtradas en medios internacionales, el presidente Trump habría presionado en cierta medida a los israelíes para obtener esta calma, que considera necesaria en los frentes libaneses e iraníes.
Aunque fue claramente anunciado por el presidente estadounidense tras su llamada con su homólogo libanés, el campo de Hezbolá no tardó en intentar adjudicarse el mérito, como suele hacerlo, mediante una campaña propagandística encabezada por el dirigente Mahmoud Qomati y el diputado Hassan Fadlallah. Este último llegó incluso a decir que fue el embajador iraní, el mismo que el Estado libanés considera persona non grata, quien le anunció el alto el fuego. Una señal más de la total lealtad del partido a Teherán, que prefiere atribuir la iniciativa a su padrino antes que al poder libanés.
Sobre el terreno, como de costumbre, Hezbolá proclamó la “victoria divina”, con disparos al aire y cohetes lanzados sobre el cielo de Beirut, causando al menos dos víctimas. También se repitieron escenas ya conocidas de vehículos regresando al sur por carreteras destruidas, con banderas de Hezbolá en mano, pese a las advertencias sobre la fragilidad y el carácter provisional de la tregua.
Frente a esta creciente retórica belicista de Hezbolá y de su padrino iraní, fue un mensaje a la nación pronunciado por el presidente Aoun el viernes por la noche el que volvió a poner las cosas en su sitio. Sin incluir a Irán en sus agradecimientos, Joseph Aoun aseguró que irá donde sea necesario para salvar a su país y a su pueblo, en una clara alusión a las negociaciones directas que continuarían, subrayando que estas no eran ni una señal de debilidad ni una rendición. En ese discurso de tono firme, ratificó claramente la separación del eje iraní, al tiempo que reiteró la determinación del Estado libanés de extender su soberanía a todo el país, negociando la retirada israelí de los territorios recientemente reconquistados.
El discurso fue ampliamente celebrado por quienes se alegraron de reencontrar la misma línea del discurso de investidura presidencial de enero de 2025, mientras otros siguen escépticos y señalan la inacción del poder libanés frente a Hezbolá durante quince meses, cuya consecuencia directa fue la apertura de un nuevo frente contra Israel en marzo de 2026.
Del lado de Hezbolá, el discurso consumó definitivamente la ruptura entre ambas partes, como gritó el inevitable Qomati, quien amenazó con tumbar al gobierno en las calles. Pero la confrontación no se limita a acusaciones verbales de traición y amenazas: el sábado, un casco azul francés de la FINUL murió y otros tres resultaron heridos por disparos directos en el sur del Líbano. Aunque Hezbolá negó toda implicación, el presidente francés Emmanuel Macron y la propia FINUL lo señalaron inmediatamente con base en elementos de la investigación preliminar. La ministra francesa de Defensa habló de una “emboscada”.
La otra sorpresa de la semana fue la “reaparición” del secretario general de Hezbolá, Naím Qassem, en un discurso grabado difundido el 13 de abril, en la víspera de las negociaciones directas de Washington, en el que rechaza los contactos directos con Israel y los califica de “sumisión”. En otro mensaje difundido esta vez el 18 de abril, Qassem continuó sus ataques contra las conversaciones, pero subrayó la disposición de su partido a una “plena cooperación con las autoridades libanesas”. ¿Reparto de roles dentro del partido o verdaderas divergencias entre una línea más dura y otra más conciliadora?
En Irán, incertidumbre sobre la tregua
En el frente iraní, la semana estuvo marcada por declaraciones intempestivas y contradictorias tanto del presidente estadounidense como de dirigentes iraníes que siguen enviando señales ambiguas. Los países mediadores, encabezados por Pakistán, se movilizan para mantener vivo el proceso de negociaciones directas iniciado dos semanas atrás.
Ahora todas las miradas están puestas en la próxima semana, que debería ser decisiva, ya que la tregua decretada por Washington termina el miércoles y una nueva ronda de conversaciones debería celebrarse en Islamabad. ¿Tendrá lugar? ¿Se prolongará la tregua en ausencia de acuerdo? La situación debería aclararse en los próximos días, aunque la posibilidad de una reanudación del conflicto está lejos de descartarse.
En el centro de las preocupaciones esta semana estuvo el estrecho de Ormuz, unas veces “abierto”, otras “cerrado”, en una serie de episodios que sigue pesando sobre el precio del petróleo y la economía mundial. En el marco de un bloqueo estadounidense a los puertos iraníes que continúa, cabe destacar que Irán declaró abierto el estrecho tras el alto el fuego en Líbano, acompañando el anuncio con insistentes declaraciones sobre la relación causa-efecto entre ambos acontecimientos, buscando dar la impresión de reaccionar a un logro que se atribuye.
Sin embargo, la semana terminó con una nota mucho más negativa, ya que los Guardianes de la Revolución volvieron a atacar buques mercantes, justificando en comunicados difundidos por los medios estatales iraníes este nuevo “cierre” del estrecho por la negativa estadounidense a poner fin al bloqueo.