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Strategia

Hezbolá-Israel, ¿una guerra sin fin al servicio de quién? (6)

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Un tanque israelí en patrulla a lo largo de la frontera en el sur del Líbano, cerca de las granjas de Shebaa. (Atef Safadi/AFP)
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By Khalil Helou
Published may 18, 2026 - 13:44

Continuamos con este sexto artículo de la serie “Israel-Hezbolá”, que busca comprender mejor la situación actual a la luz del pasado, lejos de los discursos apasionados, ideológicos o románticos que dejan de lado las realidades. Corresponde al lector sacar las conclusiones pertinentes. Los artículos anteriores repasaron el ascenso de Hezbolá desde el acuerdo de Taif, sus dos primeras guerras con Israel, así como la retirada del ejército del Estado hebreo del Líbano en mayo de 2000.

Tras la retirada israelí del Líbano, el 24 de mayo de 2000, y por insistencia del primer ministro israelí Ehud Barak, la ONU certificó oficialmente, el 16 de junio de 2000, que dicha retirada era total y conforme con la resolución 425 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, considerada desde entonces como aplicada. Posteriormente, la Finul trazó una línea de retirada israelí denominada “Línea Azul”, que incluía 13 puntos en disputa entre ambos países, con una superficie inferior a 1 km². Esta línea coincide prácticamente con la línea Paulet-Newcombe, trazada en 1923 como frontera entre el Líbano y Palestina bajo los mandatos francés y británico.

En lugar de aprovechar la retirada israelí del 24 de mayo de 2000 para restaurar la soberanía del Estado, especialmente en el sur del Líbano, el presidente de la República, Émile Lahoud, y el gobierno libanés, subordinados a Siria, adoptaron una postura de apoyo institucional y político a Hezbolá bajo la etiqueta de la “resistencia”. Esta narrativa de la “resistencia” corría el riesgo de verse seriamente debilitada por la constatación oficial de la ONU sobre la retirada total de Israel.

La posición de Lahoud convenía perfectamente a sirios e iraníes, interesados en no privar a Hezbolá de su consigna de “lucha armada”. Damasco quería preservar su instrumento de presión sobre Israel, tanto para eventuales negociaciones de paz futuras como en caso de conflicto armado con el Estado hebreo, algo que coincidía con el objetivo de Teherán de fortalecer a la milicia chiita, su instrumento en el Líbano y la región. El aparato de seguridad libanés-sirio de la época, una red de altos oficiales de inteligencia libaneses y sirios que actuaban conjuntamente, había anticipado esta cuestión y encontró el argumento que permitiera mantener el sur del Líbano bajo control de Hezbolá, como plataforma de presión militar sobre Israel. Ese pretexto no era otro que los caseríos de Shebaa, más conocidos como las Granjas de Shebaa.

El caso particular de los caseríos de Shebaa

En abril de 2000, pocas semanas antes de la retirada israelí, el general Jamil el-Sayed, entonces director de la Seguridad General libanesa y aliado del presidente Émile Lahoud, volvió a poner sobre la mesa la reivindicación libanesa sobre los caseríos de Shebaa, con el objetivo de justificar la continuidad de la “resistencia” encabezada por Hezbolá. Los registros de propiedad libaneses demostraban desde 1949 que esta zona de 62 km² es libanesa, pero en los mapas figura como territorio sirio. Fue ocupada por Israel en 1967, al mismo tiempo que los Altos del Golán. Este giro estratégico, coordinado con Damasco, especialmente a través de los vínculos entre el general Sayed y el general Ali Mamlouk, su homólogo sirio, dio al Líbano oficial un pretexto para rechazar la certificación de la ONU sobre la retirada total israelí.

Los caseríos de Shebaa habían sido un tema de disputa fronteriza entre el Líbano y Siria desde el mandato francés. Este diferendo nunca se resolvió de manera definitiva tras la independencia de ambos países. Durante la Guerra de los Seis Días de 1967, Israel ocupó estos caseríos, donde el ejército regular sirio estaba desplegado desde comienzos de la década de 1960, y extendió allí su dispositivo militar instalado en los Altos del Golán. La policía y las aduanas libanesas estuvieron presentes desde la independencia hasta la guerra civil de 1958, cuando milicias sirias y libanesas prosirias, que participaban en la rebelión contra el presidente Camille Chamoun, obligaron a los policías y aduaneros libaneses a retirarse y ocuparon la zona para utilizarla como base militar contra el cuartel del ejército libanés en Marjayoun.

Al final de la guerra de 1958, estas milicias se retiraron hacia territorio sirio, pero la policía y las aduanas libanesas nunca regresaron. Más tarde, el ejército sirio tomó posiciones allí y Siria continúa incluyendo los caseríos en sus mapas militares.

Lahoud, teórico de la “complementariedad” entre el ejército y la “resistencia”

Después de las guerras árabe-israelíes de 1967 y 1973, y hasta el año 2000, el Líbano nunca reclamó ante la ONU los caseríos de Shebaa como territorios ocupados, aceptando de facto los mapas internacionales que los situaban en Siria. Esta reivindicación apareció oficialmente solo en 2000, con el evidente objetivo de cuestionar la totalidad de la retirada israelí y legitimar, de este modo, el discurso de la “resistencia” que siguió.

Este discurso fue amplificado considerablemente por el presidente Émile Lahoud, principal garante político de Hezbolá en la cúpula del Estado. Ya cuando era comandante en jefe del ejército, había conceptualizado la “complementariedad” entre la milicia chiita y el ejército regular libanés. Consideraba que el ejército debía garantizar la paz civil, lo que en la práctica implicaba la represión de individuos y partidos soberanistas antisirios y anti-Hezbolá, mientras que la “resistencia”, es decir, Hezbolá, debía encargarse de proteger al país frente a Israel.

Lahoud había facilitado efectivamente, desde su posición al mando del ejército, el paso de armas iraníes desde Siria hacia las posiciones de Hezbolá en la Bekaa y el sur del Líbano. A pesar de las presiones de la ONU, se negó sistemáticamente a desplegar el ejército libanés en la zona evacuada por Israel, argumentando que eso equivaldría a convertir al ejército en un “guardia fronterizo” al servicio del Estado hebreo. Por su parte, el presidente del Parlamento, Nabih Berri, actuaba de manera complementaria con Lahoud, como pivote legislativo y diplomático de Hezbolá, y se aseguraba de que las declaraciones ministeriales de todos los gobiernos sucesivos desde la retirada israelí incluyeran explícitamente el “derecho del Líbano a la resistencia para liberar su territorio”, legitimando así las armas de Hezbolá.

Para consolidar el argumento de los caseríos de Shebaa como territorio ocupado que debía ser liberado, e imponer nuevas reglas de enfrentamiento militar, el 7 de octubre de 2000, es decir, cuatro meses después de la retirada de las Fuerzas de Defensa de Israel, Hezbolá llevó a cabo una operación transfronteriza en el sector de los caseríos, “capturando” a tres soldados israelíes que, en realidad, ya estaban muertos en el momento de la operación. Este ataque, marcado por el uso por parte de Hezbolá de vehículos con los colores de la ONU, desencadenó una crisis diplomática entre la Finul e Israel. En enero de 2004, un acuerdo mediado por Alemania condujo a un intercambio de prisioneros: Hezbolá devolvió los cuerpos de los tres soldados y liberó a un rehén civil; Israel, por su parte, liberó a 435 detenidos y restituyó 59 cuerpos de combatientes de la milicia chiita. (Continuará)

Leer sobre el mismo tema:

Hezbolá-Israel, una guerra sin fin ¿al servicio de quién? (5)

Hezbolá-Israel, una guerra sin fin ¿al servicio de quién? (4)

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