


Este lunes 25 de mayo está muy lejos del entusiasmo exhibido el sábado respecto a un desbloqueo regional inminente, a través de una declaración de intenciones entre Irán y Estados Unidos que daría inicio a una segunda ronda de negociaciones entre Washington y Teherán.
Sin duda, las conversaciones se han acelerado y los distintos actores involucrados en la mediación hablan de avances. Pero, ¿acaso no se dice que el diablo está en los detalles? Aparentemente, los puntos pendientes siguen siendo numerosos, ya que este lunes todavía se afirmaba que un acuerdo podría concretarse “en los próximos días”. El sábado, Washington y Teherán lo presentaban como prácticamente inminente.
Pero el optimismo, al menos en apariencia, sigue predominando, aunque con cautela, ya que Teherán reconoció oficialmente, a través del portavoz de su Ministerio de Relaciones Exteriores, que fue posible alcanzar “conclusiones sobre una gran parte de las cuestiones examinadas”. Aunque no sobre las más importantes. Porque, según las últimas informaciones, el bloqueo gira en torno al expediente de los activos iraníes congelados y al programa nuclear. Es decir, lo esencial.
En Doha, el presidente del Parlamento iraní y jefe negociador en las conversaciones de Islamabad, Mohammad Bagher Qalibaf, así como el ministro iraní de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, mantuvieron este lunes conversaciones con el primer ministro de Catar, Mohammad bin Abdulrahman Al Thani, sobre posibles soluciones para ambos expedientes. Según informó la agencia Reuters, las discusiones también abordaron el futuro del estrecho de Ormuz. El gobernador del Banco Central de Irán se sumó a la reunión para tratar el tema de un eventual desbloqueo de los activos iraníes en el extranjero, congelados debido a las sanciones estadounidenses. Para Teherán, golpeado por enormes dificultades económicas y financieras, este asunto es prioritario. Irán quiere que una parte de esos activos sea liberada antes de cualquier acuerdo y exige un mecanismo claro que garantice la liberación del resto de los fondos congelados, según la agencia iraní Tasnim. Algo que Washington rechaza hasta ahora, ya que considera que el desbloqueo de activos debe ser consecuencia de un acuerdo.
Catar participa, junto con Pakistán, Arabia Saudita, Egipto y Turquía, en la mediación en curso. Al término de sus conversaciones, el primer ministro catarí se comunicó con su homólogo omaní para discutir formas de respaldar los esfuerzos de conciliación, especialmente con el objetivo de reducir los riesgos de una escalada en la región. Una iniciativa que quizá se explique porque Teherán mantiene conversaciones con Mascate sobre una posible coordinación para imponer un peaje en Ormuz. Irán sigue aferrado a esa medida, reafirmó este lunes Qalibaf, presentándola como “gastos de mantenimiento de la navegación”. Pero la propuesta sigue siendo rechazada por Estados Unidos y por los países cuyos petroleros y cargueros atraviesan esa vía marítima, regida por el derecho internacional. ¿Significa esto que todavía queda mucho camino antes de alcanzar un posible compromiso? Probablemente sí, porque aunque da señales de apertura, Teherán sigue evitando aparecer como cediendo a la presión estadounidense y quiere conservar margen de negociación sobre el programa nuclear y las sanciones, como muestran las declaraciones de Qalibaf y también las del secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Mohammad Bagher Zolghadr. Este último aseguró el lunes que “Teherán no retrocederá, como lo ha demostrado tanto sobre el terreno como en el proceso diplomático”.
Trump modera el tono
Del lado estadounidense, luego de las críticas que recibió su estruendosa declaración del sábado sobre “un acuerdo muy próximo”, considerado demasiado flexible por varios senadores republicanos, el presidente Donald Trump moderó sus palabras. Este lunes escribió en su red Truth Social: “El acuerdo será excelente y significativo, o no habrá acuerdo”. Trump insistió en que un eventual documento firmado “no se parecerá al acuerdo de Viena sobre el programa nuclear iraní”, alcanzado en 2015 durante la presidencia de Barack Obama. También volvió a amenazar con ataques en caso de fracaso de las mediaciones, mientras reportes de prensa daban cuenta de actividad paramilitar estadounidense en el perímetro del estrecho de Ormuz.
Donald Trump también interpeló a los países árabes involucrados en las mediaciones, asegurando que, en caso de acuerdo, deberán adherirse a los Acuerdos de Abraham.
Líbano y el hartazgo israelí
Queda el caso de Líbano, que Teherán quiere incluir en un acuerdo con Estados Unidos. Para Israel, esa opción está completamente descartada, algo que Donald Trump parece aceptar, sobre todo porque el problema de Hezbolá debería resolverse en el marco de conversaciones directas entre Beirut y Tel Aviv. Una reunión, dentro de un “proceso de seguridad”, está prevista para el 29 de mayo en el Pentágono.
Según diversos medios israelíes, Tel Aviv parece inclinado a ampliar el alcance de sus ataques en Líbano para acabar con la amenaza de los drones de Hezbolá. Por su parte, el sitio Axios indicó que la administración Trump respaldaría una operación militar de gran escala contra el partido chiita. Ya entrada la noche del lunes, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, indicó que había dado la orden al ejército de “aplastar” a Hezbolá.
Este lunes, el ejército israelí intensificó sus bombardeos en el sur del Líbano, apuntando especialmente contra varios barrios de la ciudad de Tiro, bastión del presidente del Parlamento y líder del movimiento Amal, Nabih Berri; el campo palestino adyacente de Rashidieh y la región de Nabatieh.
Al mismo tiempo, Hezbolá multiplicaba sus ataques con drones explosivos contra militares israelíes desplegados en el sur del Líbano. Un soldado murió y varios más resultaron heridos, según el ejército israelí, cuyo jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, abogó por una respuesta contundente. Para él, Tel Aviv debería lanzar ataques directos contra edificios en los suburbios del sur de Beirut como represalia. Una idea retomada por el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, mientras su colega de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, llamaba a “volver a una guerra intensiva” y a “tomar el control” de la zona que se extiende hasta el río Zahrani, ubicado al norte del Litani.
En la práctica, ya avanzada la noche del lunes, toda la información proveniente de Tel Aviv apuntaba a una escalada inminente y fulminante contra Hezbolá, con el apoyo explícito de Washington.