


Entre el 5 y el 12 de abril, la semana pasada fue particularmente intensa por los acontecimientos en Medio Oriente. Cerró este domingo 12 de abril, al amanecer, con el anuncio del fracaso de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán en Islamabad, mientras que a mitad de semana Israel había dado luz verde a negociaciones directas con el Líbano, previstas para el martes 14 de abril en Washington. El 8 de abril, la aviación israelí lanzó un ataque masivo, cerca de un centenar de bombardeos en 10 minutos, contra líderes y posiciones de Hezbolá en varios barrios de Beirut, así como en la región de la Becá y el sur del Líbano.
La jornada del 5 de abril estuvo marcada principalmente por las declaraciones del presidente Donald Trump, quien lanzó graves amenazas contra el régimen iraní, exigiéndole poner fin a los obstáculos a la libre circulación marítima en el estrecho de Ormuz. Trump fijó a Irán un ultimátum que vencía la noche del martes 7 de abril. Cuando todo indicaba, durante el fin de semana del 4 al 5 de abril, que una escalada era difícil de evitar, la sorpresa llegó pocas horas antes del vencimiento del ultimátum. Se anunció una tregua de dos semanas y se fijaron negociaciones para el sábado 11 de abril en Islamabad, con el objetivo de alcanzar un acuerdo entre Estados Unidos e Irán, en especial sobre el estrecho de Ormuz.
La ofensiva lanzada por estadounidenses e israelíes contra el régimen iraní tomó así otro rumbo. En Irán, los combates se detuvieron temporalmente, aunque el estrecho solo fue reabierto parcialmente. Ambas partes, tanto iraníes como estadounidenses, no tardaron en proclamarse vencedoras. El régimen iraní celebró una victoria táctica frente a dos poderosos adversarios, basándose en que logró sobrevivir a los ataques. Por su parte, Donald Trump multiplicó sus publicaciones en su red Truth Social, afirmando en esencia que “el régimen ha cambiado”, que nuevas figuras son más pragmáticas y “razonables”, y que Estados Unidos y su aliado israelí infligieron una derrota militar contundente a Irán, su ejército y su infraestructura, llevándolo a la mesa de negociación con disposición a cerrar un acuerdo.
Posturas irreconciliables
Los beligerantes se reunieron el sábado 11 en Pakistán, mediador del proceso, en Islamabad, con dos documentos de trabajo contradictorios: uno de 15 puntos presentado por Estados Unidos y otro de 10 cláusulas por parte de Irán, reflejando posiciones irreconciliables. En efecto, la mañana del domingo (hora del Levante), el vicepresidente estadounidense J. D. Vance abandonó Islamabad anunciando el fracaso de las negociaciones, asegurando haber presentado “la oferta final y la mejor posible” a los iraníes (AFP). Antes de regresar a Washington, lamentó la “ausencia de un compromiso firme” para abandonar el programa nuclear iraní.
Irán, por su parte, denunció las “exigencias irrazonables” de Estados Unidos, antes de que el portavoz de su cancillería, Esmaïl Baqaï, reconociera que “nadie esperaba” un acuerdo tras una sola sesión.
Aun así, la puerta del diálogo no estaría completamente cerrada, como se apresuró a señalar un alto funcionario de la diplomacia pakistaní. Según algunas informaciones, el acuerdo naufragó en dos puntos: la intención del régimen iraní de controlar el estrecho de Ormuz y el compromiso de detener el enriquecimiento de uranio. Por su parte, Estados Unidos se negó a liberar los fondos iraníes congelados y a conceder a Irán el control del estrecho. Cabe recordar que se trata de un paso marítimo internacional, no sujeto al control de los países ribereños.
En cualquier caso, la delegación estadounidense abandonó Islamabad dejando a sus interlocutores iraníes un documento con las condiciones que Teherán debería aceptar para alcanzar un acuerdo.
La delegación estadounidense estuvo encabezada por el vicepresidente J. D. Vance, quien había expresado reservas sobre la guerra contra Irán, acompañado por los enviados Steve Witkoff y Jared Kushner. La delegación iraní incluyó a Mohammad Ghalibaf, exgeneral de la Guardia Revolucionaria, y al ministro de Relaciones Exteriores Abbas Araghchi.
El ataque del 8 de abril
En el Líbano, la semana estuvo marcada principalmente por el amplio ataque aéreo lanzado por unos cincuenta aviones el miércoles 8 de abril a primera hora de la tarde contra cerca de un centenar de cuadros y posiciones de Hezbolá, ocultos en varios barrios de la capital, así como en Baalbek, Hermel, Saida y otras regiones del sur del país.
Según la versión del ejército israelí, una reunión en línea había sido organizada entre responsables y cuadros del movimiento chiita para preparar un golpe de fuerza en Beirut con el objetivo de derrocar al gobierno de Nawaf Salam, en el cual Hezbolá es claramente minoritario.
Siempre de acuerdo con fuentes israelíes, los servicios de inteligencia detectaron esa amplia reunión virtual y lograron identificar a todos los participantes, ya fuera de forma directa o indirecta, en distintas regiones, interfiriendo las frecuencias y las identidades digitales de las conexiones. Este ataque “informático”, mediante medios virtuales, duró 10 minutos en Beirut y otras zonas, permitiendo alcanzar con precisión múltiples objetivos.
Debido al factor sorpresa y a la hora de alta concurrencia en que se produjeron los bombardeos, alrededor de las 14:00, el ataque dejó numerosas víctimas civiles. El balance asciende a al menos 180 muertos entre cuadros de Hezbolá y cerca de 200 civiles, además de importantes daños materiales en varios barrios de la capital.
Desde ese episodio sangriento, la operación militar israelí contra Beirut y su periferia ha disminuido claramente en intensidad, aparentemente bajo presión estadounidense para dar espacio a las negociaciones con Irán. Este último protestó por la exclusión del Líbano del alto el fuego con Estados Unidos, aunque sin intervenir para proteger a su aliado ni poner en riesgo su cita en Islamabad. Los combates continúan en el sur, especialmente en puntos estratégicos como la ciudad de Bint Jbeil, que el ejército israelí buscaba controlar por completo el domingo.
Al cierre de la semana, la atención se centraba en los preparativos de la primera ronda de negociaciones directas entre Líbano e Israel, prevista para el martes 14 de abril en Washington, así como en la situación en el estrecho de Ormuz, donde el presidente Trump decidió imponer un bloqueo marítimo para continuar las operaciones de desminado, en las que podrían participar algunos países europeos, entre ellos Reino Unido y Alemania.