

En medio de una guerra de aranceles y restricciones comerciales entre Pekín y Washington, y de sus enfrentamientos sobre los problemas de Taiwán y del Mar de China Meridional, Trump y Xi Jinping mantuvieron su primer encuentro el 30 de octubre de 2025 en el aeropuerto de Busán, en Corea del Sur, al margen de la cumbre del Foro de Cooperación Económica para Asia-Pacífico. Esta reunión, hecha necesaria por los problemas económicos urgentes que enfrentaban ambos países, resultó en la conclusión de una tregua comercial de un año entre las dos partes.
Esta tregua incluyó una reducción inmediata de los aranceles aduanales estadounidenses sobre mercancías chinas, que en algunos casos superaban el 100%. Estos aranceles se redujeron hasta un promedio del 47%. Además, el presidente Trump había suspendido la inscripción en listas negras de filiales cuyo 50% o más de sus acciones pertenecían a grupos chinos sancionados. Asimismo, había prometido levantar las restricciones sobre la exportación hacia China de microchips relacionados con Inteligencia Artificial.
A cambio, China se había comprometido a intensificar la lucha contra el tráfico hacia América de materias primas utilizadas para fabricar narcóticos. Por otro lado, había suspendido sus restricciones drásticas sobre la exportación de tierras raras indispensables para las industrias tecnológicas y de defensa estadounidenses, de las cuales el 90% de los suministros provienen de China.
Además, Xi se había comprometido a reanudar sus importaciones masivas de soja estadounidense por valor de 11 mil millones de dólares estadounidenses anuales y a comprar aviones Boeing sin especificar la cantidad. Finalmente, ambos países habían congelado los impuestos portuarios recíprocos sobre sus buques comerciales y se habían comprometido a discutir posteriormente los temas estructurales más complejos. Esto indica una necesidad de colaboración y el comienzo de una nueva era geopolítica con repercusiones mundiales. Prueba de ello es el viaje de Putin a Pekín, posterior al de Trump.
Encuentro Trump-Xi de los 14 y 15 de mayo de 2026
La importancia histórica de este encuentro fue minimizada por los medios de comunicación, que se esforzaron por demostrar que se logró poco progreso y que destacaron especialmente la insistencia de Xi Jinping en reintegrar Taiwán a China. En realidad, esta cumbre consolidó, amplió y prolongó la frágil tregua comercial firmada en Busán siete meses antes, y será seguida por otras cumbres.
En su discurso, Xi afirmó su voluntad de un entendimiento estratégico con Estados Unidos, basado en «una coexistencia pacífica y una cooperación mutuamente ventajosa». Señaló que las relaciones sino-estadounidenses afectan el bienestar de más de 1.700 millones de personas en ambos países e impactan los intereses de más de 8 mil millones de habitantes del planeta». Esto es totalmente nuevo en el discurso político chino.
Consolidación de la tregua comercial
El presidente Trump estuvo acompañado en esta cumbre por 17 jefes de empresas estadounidenses cuya suma de capitales asciende a 15 billones de dólares, equivalentes a la mitad del PIB estadounidense y tres veces el PIB de Francia. Esta suma supera los PIB de Japón, Alemania e India reunidos.
Entre los jefes de empresas que acompañaron al líder de la Casa Blanca figuraban Tim Cook, director general de Apple, Elon Musk, director general de Tesla y embajador extraoficial de Washington, responsable del puente natural para el comercio entre Estados Unidos y China, Jensen Huang, director general de Nvidia, y Kelly Ortberg, directora general de Boeing.Apple ensambla en China entre el 80% y el 90% de sus iPhones e iMacs. Tras la cumbre, logró proteger esta producción manteniendo reducidos los derechos aduanales bilaterales por un período de tres años. Además, Apple tiene una cifra de negocios en China de 80 mil millones de dólares (20% de sus ventas mundiales), que busca aumentar.Tesla,Tesla et ambassadeur officieux de Washington, responsable de la passerelle naturelle pour le commerce entre les Etats-Unis et la Chine, Jensen Huang, patron de Nvidia, et Kelly Ortberg patronne de Boeing.
Apple assemble en Chine près de 80 à 90% de ses iPhones et iMacs. Suite au sommet, elle a réussi à protéger cette production en gardant les droits de douane bilatéraux abaissés pour une période de trois ans. En outre, Apple a un chiffre d’affaires en Chine de 80 milliards de dollars (20% de ses ventes mondiales), qu’elle cherche à augmenter.
Tesla, que fabrica en China vehículos eléctricos y equipos para energía solar, ha logrado consolidar la protección de su fábrica de Shanghái contra las barreras arancelarias bilaterales, sabiendo que esta produce más de la mitad de la producción mundial de Tesla.
Uno de los logros de esta cumbre fue la autorización oficial otorgada por Trump a Nvidia para la venta de su chip de inteligencia artificial H200 (el más codiciado del mercado) a grandes grupos tecnológicos chinos. China representaba hasta el 25% de los ingresos de Nvidia; esta cifra cayó a cerca del 11% debido a las restricciones, que ahora se han levantado.
El gran ganador de la cumbre fue Boeing, que firmó un acuerdo para entregar 200 aviones comerciales a Pekín, lo cual representa un éxito total para su directora ejecutiva Kelly Ortberg y constituye una inyección financiera que permite recuperar la empresa. Boeing estima que China necesitará más de 8 500 nuevos aviones comerciales antes de 2043 y espera, gracias a este contrato, obtener otros en los próximos años, pudiendo alcanzar la cifra de 750 aviones.
La cuestión de Taiwán
La cumbre congeló el estatus quo sobre la cuestión de Taiwán. El presidente Trump es claro en su rechazo a la independencia formal de la isla, que considera peligrosa bajo todos los aspectos. El megacontrato de armamento con Taipéi por 14 mil millones de dólares está congelado y constituye un poderoso mecanismo de negociación frente a Pekín. Por su parte, el Kuomintang (KMT), partido de oposición taiwanés de derecha nacionalista, aboga por el diálogo con Pekín y mantiene su posición a favor de una sola China. De hecho, su presidenta, Cheng Li-wun, realizó una visita histórica a Pekín del 7 al 12 de abril pasados. Se reunió con Xi Jinping para restablecer el diálogo.
A diferencia del KMT, el Partido Democrático Progresista (DPP) en el poder defiende firmemente la identidad nacional taiwanesa. Sin embargo, aboga por mantener el estatus quo frente a las reivindicaciones de la China continental para evitar un conflicto armado. En resumen, mientras la clase política taiwanesa busca preservar su democracia sin provocar un conflicto, Donald Trump abordó el asunto desde un ángulo estrictamente pragmático.
La crisis de Irán y el Estrecho de Ormuz
La crisis nuclear iraní y el bloqueo del Estrecho de Ormuz siguen sin solución, aunque estos asuntos fueron sin duda debatidos en las semanas previas al encuentro de Pekín. El presidente Trump afirmó que Xi había suscrito la prohibición absoluta para Teherán de poseer armas nucleares, mientras se comprometía a bloquear todo envío de armas convencionales chinas a Irán. El jefe de la Casa Blanca también sostuvo que Pekín rechazaba el principio del peaje marítimo impuesto por la República Islámica en el estrecho.
Por su parte, el ministerio chino de Relaciones Exteriores hizo un llamado a un alto al fuego global, manteniendo la ambigüedad diplomática. A cambio, reportes indican que Pekín paga discretamente a Teherán derechos de tránsito para sus buques petroleros que cruzan Ormuz, bajo el disfraz de "gastos ambientales".
China tiene todo el interés en obtener la apertura del estrecho pues importa más del 50% de su petróleo no solo de Irán sino también de los países del Golfo. Finalmente, la asociación estratégica entre Pekín y Teherán, firmada en 2021, preveía inversiones de 400 mil millones de dólares en Irán. Sin embargo, hasta la fecha, no han superado algunos miles de millones, lo que indica que Xi Jinping, desde hace mucho tiempo, no quiere arriesgarse a descontentar a Washington y a los países del Golfo.
Un nuevo orden geopolítico
La cumbre de Pekín forma parte de un proceso que conduce hacia un nuevo orden mundial que reemplazará al que prevaleció después de la Segunda Guerra Mundial. La geopolítica así lo impone… Es evidente que Xi Jinping, Trump y Putin anteponen sus prioridades internas por encima de todo, lo que requiere una normalización de los vínculos económicos y tecnológicos entre sus respectivos países. Putin, de hecho, ha dado señales de apertura en todas direcciones, en particular hacia Trump y Xi Jinping, a quienes se apresuró a visitar después del presidente estadounidense, así como hacia Europa. Esto en absoluto favorece a Teherán, que corre el riesgo de ser quien pague el precio de esta nueva realidad geopolítica.